¿Adónde va Guatemala?

Primero veamos de dónde viene.  Tan lejos como puedo recordar, de la violencia.  Guatemala es un enclave sangriento.  ¿En qué se cimenta la violencia? ¿En la desigualdad? No.  La desiguldad es consecuencia de la violencia.  ¿Sólo la violencia causa desiguldad?  No.  Hay desigualdades que surgen de la gestión del talento personal y que son positivas para todos.  Hay otras desigualdades que son resultado del abuso de unos sobre otros, del garrotazo, del despojo. 

¿En qué se cimenta la violencia? En el facilismo, el inmediatismo y la falta de empatía.  La violencia es fácil, las alternativas a la violencia son complejas, dijo una vez un escritor alemán.

En el medievo, los pueblos germánicos practicaban la venganza de la sangre.  En algunos casos esta venganza era controlada y a veces hasta desplazada y sustituida por compensaciones económicas.  Este fenómeno se comprende en el término “Wergeld”.  Aun así, este acuerdo podía ser roto en cualquier momento por los clanes en pugna y reabierta la vía de la sangre.  ¿Cómo se redujo la violencia?  La Iglesia introdujo el concepto de “Frieden” (paz), convenciendo a los líderes germanos de no emplear la violencia en día domingo.  Luego, del domingo se pasó al sábado y a otros días de la semana.  Este proceso fue lento. (Vid. Margadant, Guillermo.  Panorama de la historia universal del derecho).  Lento, pero gracias a él se fue instalando la convicción de que la violencia debía ser encausada; de que la venganza (castigo) tenía que ser posterior a un proceso (juicio).  Consolidada esta práctica, el paso siguiente fue disociar la idea de venganza de la idea de justicia.  El proceso no busca vanganza, sino restaurar el equilibrio roto (lo cual muchas veces no es posible y por lo cual muchas veces es menester conformarse con algún tipo de reparación).

En mi opinión, en Guatemala no hemos dejado de exaltar la violencia ni de identificarla con la hombría.  Recuerdo muy bien una pinta antes de las elecciones en que resultó electo Alfonso Portillo.  Decía lo siguiente: “Portillo macho, Berger gacho.”  Era bien conocido que Alfonso Portillo había matado a dos personas en Chilpancingo (México).  Aun así, el electorado se decantó por el hombre rudo que sabe disparar una pistola.  La ciudadanía no sólo no condena a quien se mancha las manos de sangre, sino que ve con buenos ojos que la Policía y otras instituciones emprendan campañas de “limpieza social”.  La ciudadanía le sigue apostando al camino fácil y brutal de la violencia; un camino que solo lleva al abismo.

¿Adónde va Guatemala? Al abismo, a menos que se cobre conciencia de que la violencia (castigo) sin un proceso (juicio: entendimiento, discernimiento) previo no debe tolerarse.  ¿Qué recursos existen?  La tecnología del siglo XXI facilita el hallazgo de los homicidas de una forma nunca antes vista en la historia.  Todo homicidio (hasta el del sujeto más infeliz y despreciable) debe ser investigado.  Para ello se requiere voluntad política (una voluntad que, en última instancia, emana de la ciduadanía: cada pueblo tiene el gobierno que merece).  Sólo fortaleciendo el sistema procesal de este país se logrará disminuir la estadística criminal.  Y solo si se disminuye la estadística criminal la gente se sentirá cómoda para ser más productiva, más transparente (atreviéndose a denunciar, por ejemplo) y se aumentará la suma total de capital cultural del país.

¿Es así?

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s