Ginebra toca la hybris

El peligro siempre nos atrae.  Nos gusta caminar al borde de la caída.  Aunque talvez no sirva contarlo, lean esto que les escribo.  Mi recuerdo de aquella tarde es ya lejano, pero creo ser capaz de contar fielmente lo que ella me dijo.  Palabras más, palabras menos, es esto.

“Impelida por fuerzas demenciales llegué a tocar las orejas del Vicio –me dijo Ginebra al comenzar a contarme una parte de su vida; yo continué escuchándola muy atento durante varias horas–.  Hice amistad con sus hijos y vi morir a algunos.  Nunca fui completamente “de la casa” –al decir esto los ojos se le pusieron tan vidriosos como sólo los peores recuerdos pueden ponerlos–. Para los que lo son, no hay salida.  La “familia”, esa su familia, es un bosque colmado de ligas en donde no se puede dar un paso sin que se pegue algo o sin que algo la enrede a una.  Es muy oscuro, lo que no tiene importancia, porque la gente ahí adentro termina dejando de usar los ojos.  Así es su casa.  Los de más adentro también están más vacíos.  Ya no les queda dolor, sino sólo angustia.  Los de hasta el fondo son como cáscaras tiesas.  Siluetas sin hombre, sin hígado o corazón.  Nada más que cáscaras dispuestas en forma cuasi humana, llenas de un héter que huele a aire guardado. (Al decirme esto exhaló fuertemente y le saltó una vena en su frente, apenas cubierta por su ralo fleco canoso)  ¿Sabe? –continuó diciendo– Todos adentro están sujetos por un hilo plateado que les permitiría salir si lo tomaran entre las manos y lo fueran siguiendo.  A veces algunos desdichados lo toman y empiezan a seguirlo, pero no tardan en desviarse y enredarse en otro hilo que los lleve más abajo.  Se enfurecen y dan de palos y de gritos.  ¡Ay, si usted oyera cómo gritan los infelices!  Pero, ¿para qué? Muchas veces ya no pueden ver y solo Dios o la suerte podrían terminar sacándolos del enredo que es esa casa.  En ella gobierna la mecánica de la angustia y todo es un tic.  Se come por tic.  Se fuma por tic.  El licor se ingiere por tic.  Se comparte el lecho por tic.  Se es autómata comprando y consumiendo y se sonríe sin ánimo mostrando los dientes como una sierra oxidada.  (Pensativa, se quedó callada un rato.  Después continuó.)  Yo fui afortunada, no perdí del todo la vista ni rechacé la mano que me tendió la Fuerza.  Logré salir antes de entrar mucho y pude salir porque agaché la cabeza.  Toqué la hybris sin cruzarla y por eso no morí, ¿sabe?”

Al caer la tarde la acompañé a la puerta.  Me dijo, al despedirse, que todos tenemos un hilo de plata.  Que no hay que quitarle la atención.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s