LA MÍSTICA DEL TAMAL

No ha salido el sol y N está ya en pie.  Saldrá temprano, comprará maíz y arroz en el mercado, tomará un bus y saldrá de la ciudad.  Al llegar al municipio T, visitará a su familia en el área rural.  De paso, también hará uso del viejo molinillo campestre para procesar los granos.  Regresará a la ciudad con masa, buena masa del campo.

Entretanto, E dorará ajonjolí y pepitoria. Mezclará con técnicas de su abuelita, que aprendió desde joven, los ingredientes de un recado especial y sutil. Pimienta gorda, pimienta de Castilla, tomate, cebolla, chiles huaque pasa y pimiento, canela y algunas otras cosas que se cuida de revelar. Hecho el recado lo mezclará con pollo. N la ayudará con cada unidad.  Envolverán cada tamal en dos hojas, una llamada hoja de sal, primero, y la más conocida hoja de plátano, después, al exterior.  Las piezas, armadas y amarradas individualmente, serán puestas a cocer. El trabajo de dos días pronto se servirá a la mesa. Comeré uno o dos tamales. Disfrutaré con la familia uno de los sabores más típicos de este país.  Mediré en el paladar el supremo resultado de una técnica culinaria exigente. Y, por si fuera poco, tendré el honor de mezclar en el tamal el ingrediente final: un poco de limón. ¡Buen provecho!

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